En sus manos
vanas
ningún pensamiento
solo él y su espacio cerrado
con un cordel
destruye el tiempo
que impulsa su voluntad
Su boca de agua
dormida
deshabitada
entretiene la lujuria
con melodías
Ofrece su mirada
hospedaje de ligerezas
en la noche negra
devora machos
Encanto prieto
corona viva
limbo de pecados
Dirige un juego de cartas
en la isla de la utopía
Borrado por la brisa
por las heridas de un rostro olvidado
placer exiguo
sepultado en su desencanto
desentierra sueños
desempolva sombras
turba mortajas alojadas en su huella
[Que] acosan el respiro
y se incrustan
Cuerpo frío
marchito
misántropo de la delicia
laberinto disuelto por el paso de la oquedad
cadáver
negación absoluta de los deseos
de su oscuridad
La luz apetrolada
entumece
amordaza los desaciertos
marca su descanso
en el mundo de los exilios
Hermanos cristalinos
bordados de penumbra
justifican su trayecto
íntimos
La túnica incrustada de humedad
libera su llanto escondido
cómplice del sueño extranjero
olvida su escasez en la mesa de un café
Rojo intenso en la piel
detiene el tiempo de silencios
miradas que se olvidan del lugar
atienden un poema
engrandecido por un vals
hierbas escogidas
habitación inexplorada de un país eterno y mudo
abre sus puertas y celebra
En la piel de su amante virgen
talla alientos
deseoso de expandirse
conquista la orilla dormida
Atrevimientos
Transforma su cuerpo oscuro
navega incrédulo
caudal templado que se ofrece
promete residencia
de sueños anclados a una roca marina
Laberinto arcano
generoso de caprichos
guarda sabores ajenos
nácar y miel
Centinelas de un país extraño
vierten vino en su boca
camafeo de memorias
augurios
Tendidos en su sombra
refugio del sueño impensado
amantes
de nácar y miel
descubren reinos de colibrí
No albergues distancias
de tus labios, que brote río ninguno
estrangula tu oscuridad
torrente
Palabra eterna de pliegues blancos
apaga la nada
con tu savia enredada en mis venas
teje noches en la raíz de la carne
La delgadez del horizonte
desgarra un sueño
de secretos que rondan
El tiempo macerado
cancela su reclusión
donde habita la noche
Entre las manos adustas
la figurilla convertida en himno
vigilada
concibe su camino abrasador
nace la sed
Aquel mortal
sometido al ocaso
moja la piel de su aventura
se espanta de soledad
Un equipaje de disfraces
caretas murmurantes
hacen fiesta de su ayer
Lo busca el viento
cargado de anarquía
Un eco negro que hostiga
y corroe pensamientos
grita desde su pecho bizarro
lo acobarda